Bienaventurados los pobres

Una larga caminata

El hombre trata de ocupar el centro a base de acaparar todo lo que puede. Cree que asciende como persona, pero lo único que logra es deformarse, abulta su personalidad social, pero a costa de ir sepultando su vida y su libertad interior. El resultado final es que se ha convertido en un ser incapaz de amar, porque no sabe relacionarse con las personas sin poseerlas. Ha engrandecido tanto su centro, que cuanto toca se convierte en él mismo. Está condenado a la soledad de la propia autosuficiencia.

El otro tipo de vivir, que es el movimiento descendente del servicio, comienza con la pobreza espiritual, es decir la humildad interior, renuncia a constituirse en centro de las personas y de las cosas. Después vendrá la otra, la material y sociológica. Vivir en pobreza es un don, es Dios quien nos elige, una elección de Dios mismo, que viene a reforzar…

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